miércoles, 1 de febrero de 2012

La estafa del billete de lotería (en la que casi me atrapan)




Te quiero contar que ayer casi fui víctima de una estafa. Gracias a Dios me di cuenta a tiempo (aunque ya llevaban muy avanzado el teatrito), pero te comparto la experiencia para que estés enterado de las artimañas de la gente sin escrúpulos.

Salí de una peluquería cerca de mi casa y, sobre la acera, me abordó un señor preguntándome por la calle Dr. Robles. Yo me quedé pensando dónde estaría esa calle. Entonces el señor me indicó que le habían dicho que era cerca del "Caballito Amarillo". Inmediatamente pensé que era el Caballo de Troya de Revolución, así que le contesté que eso quedaba lejos, que se fuera en metro. Este hombre me dijo que él no sabía leer ni escribir, que no sabía andar en metro.

En ese instante pasó un joven y preguntó qué ocurría. Yo le pregunté al joven (con ánimos de seguir orientando al señor) que si sabía qué estación del metro quedaba cerca del Caballo de Troya. Él contestó que la estación más cercana era Hidalgo. Por su parte, el señor insistió en que no sabía leer ni escribir y que lo único que quería era cambiar un billete de lotería y que le habían dicho que en esa calle lo podía cambiar.

El joven argumentó que un billete de lotería se cambiaba en cualquier esquina y que en la otra calle había un puesto donde cambiaban billetes, que él traía mucha prisa porque iba a una junta, pero que nos podía indicar donde se hacía el cambio para ayudar al señor.

El señor dijo que solo quería cambiar el billete, pero que no sabía leer ni escribir, que confiaba en mí para que yo lo cambiara. Como en realidad este señor es muy buen actor y hablaba como hablan nuestros hermanos indígenas (con un español un poco deficiente, palabras incompletas y mal pronunciadas) yo realmente creí que era una persona que no podía hacer este procedimiento por ella misma. Ante su necesidad, decidí acompañar al señor a cambiar el billete. 

En la caminata (de menos de una calle) el joven aprovechó para presentarse como el Contador X y volvió a argumentar que traía mucha prisa, que sólo nos indicaría donde se cambiaba el billete ya que él consumía seguido este tipo de sorteos y conocía bien a la señora del puesto.

Casi llegando al lugar donde supuestamente se cambiaría el billete, el señor dijo algo así: "Ya vine hace un rato para acá, y la señora a la que le pedí que me cambiara el billete me dijo que se lo dejara y que regresara en dos horas, no me lo quiso cambiar, hace rato también llamaron a un policía y me pegó para que le diera el billete, pero no quise dárselo". El joven inmediatamente contestó que nadie se podía quedar con su billete, que como ya había ido a ese puesto, entonces, lo más conveniente era que él le pidiera a la señora la papeleta con el día de la premiación y buscáramos el resultado del billete. El señor, cuando contaba los abusos que había sufrido, casi se pone a llorar, tenía los ojos rojos. En serio que yo creí que todo eso estaba pasando realmente.

El joven fue al lugar donde supuestamente cambiaban los billetes de lotería. Mientras tanto yo permanecí con el señor y aproveché para preguntarle de donde era, me contestó que de Puebla, le pregunté si traía alguna identificación para cambiar su billete, me dijo que no, que no traía nada. Insistió en que le habían pegado, que él solo quería cambiar el billete e irse.

Regresó el joven con una papeleta del día de la premiación. El señor sacó su billete de lotería, me lo dio a mí porque "me tenía más fe" y entre el joven y yo empezamos a buscar el "premio" del señor. Ahí fue donde todo me empezó a oler feo, porque el joven hablaba muy rápido y con un tono de voz bajo, no me parecía normal que el señor supuestamente indígena le entendiera todo lo que decía. Además, el joven, al explicarme cómo buscaríamos el número del boleto, más bien parecía que me lo estaba vendiendo.

Encontramos el número de billete de lotería y el premio ganado era de 5 millones de pesos (obvio esta papeleta es falsa y ya la traen hecha). Pues bien, me impresioné ante la suerte de este señor y le dije que fuera a cambiar su billete. El joven apoyó mi idea e incluso dijo que él le pagaba el taxi para que fuera a Lotería Nacional.

El señor dijo que tenía miedo, que no sabía cuánto era ese dinero, pero que lo único que quería era irse. Que mejor prefería que lo lleváramos de regreso con una señora de "La Divina" (vinaterías famosas) en donde le habían ofrecido $ 20 000 por el boleto, que prefería eso y que nos daba $ 3000 por acompañarlo y contar su dinero. Yo le contesté que era mejor que lo fuera a cambiar. El joven apoyó mi idea y el señor volvió a insistir: "A mí no me hace falta el dinero, yo en Puebla me dedico al campo y mi abuela tiene mucho dinero, mejor ustedes ofrézcanme algo como la señora de La Divina, les dejo el billete y me voy a mi pueblo." Ahí fue cuando todo apestó. Y añadió: "Si quieren los dejo solos para que se pongan de acuerdo y me dicen qué hacemos".

El señor se fue a sentar a la banqueta con una cara de desvalido que nunca he visto en las telenovelas. El joven me dijo: "¿Usted qué opina, ese dinero yo nunca lo voy a ver en mi vida, podemos ofrecerle algo al señor?" (O algo así, la verdad es que para ese momento solo estaba pensando en la manera de huir de una forma pacífica) Contesté: "Yo opino que mejor me voy a mi casa." Entonces el joven llamó al señor, éste regresó y el joven le dijo: "Señor, mire, usted puede cambiar el boleto otro día. Tiene una vigencia de un año". El señor contestó: "Ah, entonces mejor regreso otro día, con mi abuelita que sí sabe leer. Les agradezco." Me dio la mano, se la tomé y le dije: "Adiós".

Me di la vuelta y me fui a mi casa. La verdad ya no quise voltear a ver, así que no supe si me siguieron. Gracias a Dios que me deshice de ellos de una manera casi imperceptible y sin provocaciones, me ahorré muchos corajes.

En algunos momentos de esta interacción el joven me preguntó cosas como "¿usted vive o trabaja por aquí?" Y también se presentó con nombre, apellido y tomada de mano, como esperando que yo hiciera lo mismo, pero no les proporcioné ningún dato.

Te cuento toda esta historia para que contemples que es un teatro bien armado y que se lo pueden hacer a cualquier persona. Busqué en internet y vi que lo han hecho en el metro, saliendo de bancos y a personas pensionadas. En fin, cualquiera puede caer.



Comparte esta información a todas las personas que pienses que pueden caer. Las que creen en la lotería, que están necesitadas de dinero o que son muy ambiciosas. A cualquiera le puede tocar. También he leído que este tipo de estafadores andan en la colonia Roma, en el metro Aeropuerto o cerca del Centro de la Ciudad.